Como la mayoría sabéis, el pasado mayo tuvimos el privilegio de pasar 20 días en Bali y os prometí esta segunda guía que completara nuestra primera visita de 2024. Y aquí está. Aunque repetimos alguna cosa y la primera guía sigue estando actualizada en su mayor parte, en esta ocasión nos dedicamos más a vivir Bali que a recorrerla. Menos lista de lugares que tachar, más disfrutar despacio. Y la verdad es que fue la mejor decisión que pudimos tomar.
¿Cuántos días necesitas para viajar a Bali?
Pues esta es la pregunta del millón y os adelanto que 20 días me siguieron sabiendo a poco.
Tengo que decir que en nuestra primera visita, al ir con agencia y tener un viaje más programado, exprimimos muchísimo los 7 días. Por lo que si tengo que daros una respuesta objetiva, os diría que entre 7 y 10 días puede ser suficiente. Pero en Bali siempre quieres más.
Si habéis leído mi primera guía de Bali, sabéis de lo que hablo. En esta ocasión queríamos saborearla más despacio, sin presión y sin lista de lugares que tachar. Además, uno de los grandes puntos fuertes de Bali son sus alojamientos de película, y nos apetecía una agenda más ligera que nos permitiera disfrutarlos, especialmente viajando con un pequeño.

Y así distribuimos los 20 días:
- 7 días en Canggu: repetimos zona porque ya nos había conquistado en nuestro primer viaje por su ambiente bohemio, su oferta de restaurantes y cafeterías y sus atardeceres. Eso sí, aunque tiene una extensa playa, olvidaos de bañaros porque es zona de surf y las corrientes lo complican bastante. Al estar situada al sur de la isla, nos permitió movernos a Uluwatu y Seminyak. Y de esta última tengo que confesar que nos sorprendió para bien, especialmente para ir con niños, porque es mucho menos caótica que Canggu. Tiene paseo marítimo y restaurantes en primera línea de playa. Si volviéramos, creo que nos alojaríamos aquí.
- 7 días en Ubud: que vuelve a ser el punto de partida perfecto si queréis moveros por la isla. Su situación central lo convierte en la base ideal para la mayoría de excursiones.
- 3 días en Munduk: para conocer el norte y el Bali más auténtico.
- 5 días de vuelta en Ubud: para descansar y rematar con alguna excursión tranquila antes del vuelo.

Documentación y datos prácticos para viajar a Bali en 2025
Como siempre os recomiendo, antes de cualquier viaje internacional consultad la web del Ministerio de Exteriores para estar al día de cualquier cambio. Pero actualmente esto es lo que necesitáis:
- Pasaporte con una validez mínima de 6 meses.
- Visa on Arrival (VoA): os recomiendo tramitarla antes de volar para evitar las largas colas del aeropuerto. Podéis hacerla en la web oficial evisa.imigrasi.go.id. Ojo, aseguraos de escoger el tipo de visa correcto porque últimamente están siendo más estrictos con este tema.
- Love Bali: la tasa turística de entrada a la isla, algo menos de 10€, que podéis abonar cómodamente en lovebali.baliprov.go.id antes de llegar.
- Vacunas: no se necesita ninguna adicional para viajar desde España.
Internet en Bali: aprended de mis errores
En mi primera guía os recomendé la eSIM de Holafly y en este viaje he podido comparar opciones de primera mano, porque Martín y yo tomamos decisiones diferentes. Él optó por una SIM local y yo repetí con Holafly. Y os aseguro que fue un error.
Al movernos por zonas más rurales y aisladas como cascadas o el norte de la isla, la cobertura de Holafly era mucho más limitada y lenta, llegando a quedarme sin conexión en muchas ocasiones. Muchas veces tenía que conectarme a la red de Martín para poder funcionar.
Por lo que mi recomendación ahora es clara: coged SIM local. Y aunque encontraréis puestos nada más aterrizar en el aeropuerto, la opción que más nos convenció es Balisim, que funciona con Telkomsel, el mayor operador de la isla. Tienen paquetes de 171 GB al mes que nos dieron de sobra para los dos. Además podéis activarla desde España antes de volar, instaláis el perfil en vuestro dispositivo y se conecta automáticamente en cuanto aterrizáis en el Aeropuerto Internacional Ngurah Rai. Sin colas, sin esperas.
Eso sí, hay un par de cosas que debéis saber:
- Número indonesio incluido: una ventaja enorme para usar Grab o Gojek, reservar en restaurantes o contactar con el hotel. Muy útil en el día a día.
- Registro IMEI obligatorio: al tener una eSIM con número local, vuestro teléfono debe cumplir con la normativa indonesia de telecomunicaciones. Balisim os ayuda con este trámite para evitar que el dispositivo sea bloqueado tras el periodo inicial.
- Compatibilidad: aseguraos de que vuestro teléfono esté desbloqueado de fábrica y sea compatible con tecnología eSIM antes de comprarlo.

Cómo moverse en Bali
El tráfico en Bali es, como ya os conté, sumamente caótico. La opción más ágil para evitarlo sigue siendo la moto, porque además de circular más rápido entre el laberinto de coches, el aparcamiento es infinitamente más fácil. Pero si no sois diestros en ella o viajáis con niños, hay que tirar de coche, que es algo más lento en atascos pero mucho más cómodo para poder llevar cosas como cambios de ropa, especialmente si visitáis playa o cascadas.
Nosotros nuevamente nos movimos mucho con Grab y Gojek, los equivalentes a Uber en Indonesia, y son una pasada. Muy económicos, del orden de 2 o 3€ para trayectos de 15 o 20 minutos, funcionan genial para moveros dentro de una misma zona o acercaros a la ciudad, e incluso los usamos para desplazarnos entre diferentes zonas de la isla.
Y luego están los guías chófer — en Bali suelen ser la misma persona —, que volvimos a contratar y que merecen muchísimo la pena si queréis exprimir el día en excursiones. En nuestro caso repetimos con el mismo guía de nuestro primer viaje porque habla español, es muy cariñoso con Gael y al ser guía oficial accede a las atracciones sin coste adicional, algo que no ocurre si contratáis solo chófer, que os dejará únicamente en el aparcamiento. También contamos con un segundo guía que conocimos a través de Baliboda, de características similares y muy recomendable. Si queréis el contacto de cualquiera de los dos, no dudéis en escribirme.
Seguro de viaje para Bali: imprescindible si viajas en familia
Llevar seguro privado en los viajes siempre ha sido importante, pero desde que viajo con Gael se ha convertido en un imprescindible más, sobre todo en destinos como Bali donde la opción real es la sanidad privada. Es algo que miro con mucho cuidado comparando diferentes opciones para quedarme con la que mayor cobertura ofrece, especialmente para el pequeño. Y aquí gana por goleada el de IATI Familias. Ya contábamos con ellos cuando íbamos en modo pareja y ahora, con Gael, tiene aún más sentido. Os dejo el link directo porque nos han dado un pequeño descuento para vosotros.
Dónde alojarse en Bali: hoteles y villas que recomiendo
Una de las grandes diferencias de este viaje respecto al anterior fue la experiencia de alojamiento. En esta ocasión quisimos apostar por villas y hoteles en plena naturaleza, y tengo que decir que los alojamientos son sin duda uno de los grandes atractivos de Bali. Encontraréis hotelazos a precios bastante razonables para su calidad. Hay miles, pero os dejo los míos porque repetiría sin dudarlo.
La Numa Villa — Canggu
Nuestra primera semana la pasamos en una villa completa con dos habitaciones, piscina privada, recepción 24h y restaurante propio. Esa combinación de tener tu propio espacio tipo «casa propia» pero con el respaldo de contar con alguien cerca por si cualquier cosa me daba una tranquilidad tremenda, especialmente viajando con un niño. Su ubicación es otro de sus puntos fuertes: junto al famoso beach club La Brisa, a tres minutos de la playa y rodeada de restaurantes, servicios y con supermercado en la puerta, que nos daba cobertura ante cualquier imprevisto. La piscina privada además tiene sol durante todo el día, algo que no siempre es fácil de encontrar en este tipo de alojamientos. Como pegas, por poner alguna, al estar en pleno centro salir con coche puede ser algo complicado, y la villa, aunque preciosa, agradecería una pequeña reforma.
Suara Air — Ubud
Suara Air significa literalmente «sonido del agua» en indonesio, y el nombre no puede ser más acertado porque ese sonido constante te acompaña en todo momento. Un resort de cinco estrellas rodeado de arrozales y naturaleza, con villas preciosas con piscina privada, piscinas con vistas a la selva y un ambiente de paz increíble. Cuenta con restaurante con muy buena cocina y, además, está gestionado por españoles. El hecho de no estar en pleno centro facilita mucho los desplazamientos en coche. Un remanso de tranquilidad con tratamientos de spa en pleno bosque. Y si preferís algo más activo, tienen clases de cocina balinesa, yoga, talleres de artesanía y rutas en bici, entre otras. Muy recomendable tanto para familias como para lunas de miel.
Munduk Moding Plantation — Munduk

Nuestro capricho del viaje y, sin duda, uno de los alojamientos más especiales en los que hemos estado. Situado en plena plantación de café en las montañas del norte de Bali, tiene alma de hotel boutique pero con la oferta de actividades de un gran resort: trekking por senderos del bosque, mountain biking, paseos a caballo por los lagos, clases de elaboración de ofrendas balinesas, visitas a la plantación con su proceso completo de grano a taza, tenis, spa y mucho más. Nuestra villa con piscina infinita y jacuzzi con vistas a la naturaleza era increíble, y las piscinas principales del resort, consideradas entre las mejores de Bali, no se quedaban atrás. La cocina, exquisita. Funciona además como campamento base perfecto para explorar el norte de la isla. Ideal tanto para familias como para lunas de miel.
Adiwana Unagi Suites — Ubud

El más sencillo de los cuatro pero no por ello menos especial, porque la relación calidad-precio fue simplemente excelente. Nos decantamos por una habitación estándar, muy amplia y con vistas a una piscina preciosa. Situado en pleno centro de Ubud pero en un entorno tranquilo, a pocos minutos del Palacio de Ubud y del mercado tradicional. Cuenta con restaurante propio, spa, piscina infinita, clases de yoga, sesiones de cocina balinesa y actividades culturales. Pero lo que realmente lo hace especial es el cuidado y la atención al huésped: nos subieron de categoría nada más llegar, ofrecen juegos en la cena con descuentos en restaurantes, masajes de cortesía, descuentos para actividades… Un detalle detrás de otro. Además, cada noche organizan pequeños espectáculos que le dan un toque muy especial a las veladas. De los cuatro, el que más destacaría en amabilidad y mimo al huésped, algo que en Bali ya es decir mucho.
Qué ver en Canggu y alrededores
A diferencia de nuestra primera visita a Bali, en esta ocasión nos centramos mucho más en los monumentos naturales de la isla y menos en la parte cultural, que ya vivimos con mucha intensidad la primera vez. Os ordeno las visitas por zonas para que os resulte más fácil planificarlas.
Desde Canggu, al estar situada al sur de la isla, aprovechamos para hacer una escapada de un día a Uluwatu, una de las zonas más impresionantes de Bali y que merece mucho la pena.
Comenzamos por la Pantai Melasti, una playa de arena blanca y agua turquesa espectacular, encajada entre enormes acantilados de piedra caliza que la hacen absolutamente fotogénica. Una de sus ventajas frente a otras playas de Uluwatu es que se puede acceder directamente en coche. Eso sí, tened en cuenta que en Uluwatu los alojamientos suelen estar en lo alto de los acantilados, por lo que dependéis de coche o moto para llegar a cualquier playa, y en todas se paga por acceder y aparcar. En cuanto al baño, es posible darse un chapuzón aunque hay que tener precaución con las corrientes, así que mejor quedarse cerca de la orilla.
Por la tarde, visita obligada al Pura Luhur Uluwatu, uno de los seis templos más sagrados de Bali, encaramado sobre un acantilado de 70 metros con preciosas vistas al océano Índico. Tiene además el aliciente de estar lleno de monos, por lo que si no tenéis pensado visitar el Monkey Forest o similar, aquí tenéis vuestra dosis de primates. Eso sí, mucho ojo con ellos porque son bastante traviesos con las pertenencias.
Pero lo que realmente hace imprescindible la visita es combinarlo con la Danza Kecak al atardecer, una de las danzas más tradicionales de la cultura balinesa. Se celebra cada tarde en un pequeño anfiteatro al aire libre dentro del propio templo, con el sol poniéndose de fondo. Una experiencia preciosa que os recomiendo sin dudarlo, y a Gael le encantó. Eso sí, comprad las entradas con antelación porque se agotan, y llegad pronto si queréis buen sitio porque no están numeradas.

Y si estáis por la zona, Seminyak es una visita obligada. No es un plan cultural como tal, pero merece la pena vivirlo: atardeceres espectaculares, una extensa playa con paseo marítimo y una gran variedad de chiringuitos con música en directo que simplemente invitan a quedarse.
Y si queréis completar la zona con más visitas culturales, en mi primera guía de Bali os cuento en detalle otros imprescindibles cercanos como el Tanah Lot, el Pura Taman Ayun Mengwi o el Batuan Temple, que también merecen mucho la pena.
Qué ver en Ubud y alrededores
Ubud mezcla cultura, naturaleza y relax como ninguna otra zona de la isla, y con más días para disfrutarla lo pudimos vivir de una forma mucho más tranquila.
En el centro repetimos visita al Palacio Real de Ubud, que sigue teniendo un encanto especial y que merece un paseo aunque ya lo conozcáis. Muy cerca está el Pura Taman Saraswati, uno de los templos más coloridos y fotogénicos de Bali, dedicado a la diosa hindú de las artes y el conocimiento, rodeado de un precioso estanque de lotos. Y como no, el mercado de Ubud, ideal para llevaros algún recuerdo artesanal. Además asistimos a uno de los espectáculos de danza que se celebran cada noche en el propio Palacio. Sin duda el de Uluwatu nos gustó más, pero por unos 5€ y en un entorno tan especial merece la pena si queréis otro contacto con las danzas balinesas.

Penglipuran Village es una visita que, aunque no diría que es imprescindible, sí merece una parada rápida si os pilla de paso y queréis conocer un pueblo tradicional balinés reconocido en 2023 por la ONU como el pueblo más bello del mundo. Quizás algo exagerado 😛. Sus calles empedradas están perfectamente alineadas, las casas construidas en bambú y piedra son todas idénticas en estructura y están orientadas hacia el volcán sagrado Agung. Lo que no todo el mundo sabe es que la poligamia está estrictamente prohibida en Penglipuran, y los hombres que la violan son enviados a vivir en una zona separada del pueblo. Y en cada puerta figura el número de hombres y mujeres que viven en cada casa, algo que te deja pensando mientras paseas. Mi recomendación es que no os quedéis solo en la calle principal: id con guía porque os permitirá acceder al interior de algunas casas, que es donde realmente se entiende cómo viven. A nosotros incluso nos dejaron ver el interior de varias.
Pura Tirta Empul es uno de los templos más espirituales y singulares de Bali. Construido en el año 926 d.C., su nombre significa literalmente «manantial sagrado», y lo que lo hace diferente no es tanto su arquitectura sino lo que ocurre dentro: los balineses acuden hasta aquí desde todos los rincones de la isla para realizar el ritual de purificación Melukat, sumergiéndose bajo los chorros de agua sagrada que brotan del manantial. Si queréis realizarlo es una buena opción para ello, eso sí siempre desde el respeto y cumpliendo sus instrucciones.

Los arrozales de Tegalalang siguen siendo uno de mis lugares preferidos de Bali. Aunque siempre me habían dicho que los más espectaculares eran los del norte, sinceramente me sigo quedando con estos. Tanto que repetimos visita e hicimos aquí nuestra sesión de fotos con BaliBodas para tener el recuerdo siempre. Los mismos consejos que os di la primera vez: visitadlos a primera hora o al atardecer por la luz, y bajad por los senderos en zigzag porque merece muchísimo la pena.

Y fuera de Ubud, aprovechamos varios días para conocer algunas de las cascadas más impresionantes de la isla, que sin duda fueron el gran protagonista de este viaje. Incluyendo la Poh Gadin Waterfall, quizás la menos conocida pero con un encanto especial y acceso muy sencillo. Cuenta además con un restaurante situado literalmente frente a la cascada, por lo que podéis disfrutar de las vistas con calma y sin prisa.

Tukad Cepung Waterfall: probablemente la más especial de todas las que visitamos, porque está literalmente metida dentro de una cueva. El acceso es algo complicado — atravesaréis una zona de río, así que llevar escarpines es muy recomendable — pero el camino en sí ya es precioso y merece la pena cada paso. Una vez dentro, la imagen que se dibuja con las rocas es sencillamente impresionante.
Goa Raja Waterfall: más alta y con un acceso mucho más fácil. Cuenta además con piscinas naturales a su base que la hacen todavía más especial. Fue recomendación de nuestro guía y nos encantó.
Tibumana Waterfall: quizás la menos impresionante de las tres en tamaño, pero con un acceso muy sencillo y un camino precioso entre palmeras por la Jl. Setra Agung y arrozales que ya justifica la visita por sí solo.

Y si queréis completar Ubud con más visitas, en mi primera guía os cuento en detalle el Sangeh Monkey Forest o el precioso Pura Gunung Kawi Sepatu, que también merecen mucho la pena si tenéis tiempo.

Munduk: qué ver en el norte de Bali
El norte de Bali es completamente diferente al sur y a Ubud, y Munduk es la puerta perfecta para descubrirlo. Paisajes de montaña, mucha menos masificación y una naturaleza que te deja sin palabras.
Volvimos a visitar el Pura Ulun Danu Bratan, mi templo favorito de toda la isla y que ya os conté en mi primera guía. Sigue siendo una visita imprescindible y con cada viaje me enamora más. Algo que quizás rompe un poco el ambiente espiritual pero que lo hace mucho más divertido si viajáis con niños es que el recinto cuenta con un montón de actividades para los más pequeños: un jardín interior con un dinosaurio gigante, un lago donde dar de comer a los peces, esculturas por todos lados y una zona con animales. Gael lo pasó en grande.

Los arrozales de Jatiluwih fueron una de las grandes revelaciones del viaje. Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 2012, son considerados los arrozales más extensos e impresionantes de toda Bali, con más de 600 hectáreas de terrazas que se extienden hasta donde alcanza la vista. Su nombre lo dice todo: «Jati» significa «verdadero» y «luwih» significa «bello» en balinés. Además de arroz blanco, aquí se cultivan también variedades de arroz negro y marrón, y su sistema de irrigación tradicional llamado Subak, que lleva funcionando sin apenas cambios desde el siglo VIII, es también Patrimonio UNESCO. Ir con guía fue un acierto total porque son tan inmensos que sin él es fácil perderse lo mejor: nos llevó por un paseo entre los campos donde pudimos ver puntos de vista impresionantes que de otra forma habríamos pasado por alto, además de explicarnos las diferencias entre los tipos de arroz y el funcionamiento del riego. Muy recomendable.

La cascada de Leke Leke nos sorprendió por su localización en plena vegetación. Con unos 50 metros de altura, es una caída de agua estrecha y elegante que emerge entre paredes verdes, con una piscina natural a su base perfecta para refrescarse. El acceso no es difícil, aunque el camino es algo largo entre escalones de piedra y senderos en medio de la selva que ya merece la pena de por sí.
Y la Sekumpul Waterfall ha pasado directamente a compartir mi lista de favoritas junto a la Nungnung que os conté en mi primer viaje. Es sencillamente una obra de arte en plena naturaleza: no es una sola cascada sino un conjunto de varias caídas de agua rodeadas de selva que parece sacada de otro mundo. El acceso completo es bastante exigente, por lo que al ir con Gael optamos por verla desde el mirador situado junto al Hanging Restaurant Bar, y mereció totalmente la pena. El camino desde el aparcamiento al mirador son unos 20 minutos bastante asequibles, de hecho gran parte del trayecto lo hicimos con el carrito de Gael. Si vais en moto podéis dejar la moto aún más cerca. Un consejo importante: avisad en la entrada que os dirigís solo al restaurante, porque el precio varía según si bajáis a la cascada o no.
Dónde comer en Bali: restaurantes y cafeterías con vistas
Si las cascadas fueron el gran protagonista de este viaje, los restaurantes y cafés especiales fueron sin duda la segunda gran revelación. Bali tiene una oferta gastronómica increíble y en esta ocasión nos propusimos disfrutarla mucho más que la primera vez. Antes de empezar, un apunte: comer en Bali es muy económico en general. Los warungs — los restaurantes locales más sencillos — permiten cenar a tres personas por unos 10€, aunque nosotros con Gael preferimos opciones con algo más de variedad y garantías de higiene para el pequeño. Os dejo los que más nos marcaron.
Canggu y Seminyak
- La Brisa es más que un restaurante, es una experiencia. Este precioso beach club junto a Echo Beach merece una visita aunque sea para tomar algo y disfrutar de sus vistas y ambiente. Si podéis ir un domingo, de 10h a 16h se convierte además en un mercado artesanal con productores locales, ropa, joyería y comida. Un plan en sí mismo. Eso sí, es caro y conviene reservar.
- Koast — una pequeña joya escondida a solo tres minutos de Echo Beach en Canggu. Más que un café, es un oasis tropical con piscina, ambiente relajado y una carta de desayunos y brunch con producto local y orgánico que está a otro nivel. Sus pancakes son espectaculares, pero también destacan los huevos benedict, los poke bowls y su café de mezcla propia.
- Origen — en la calle Pantai Pererenan, este mexicano es mucho más que un restaurante temático. Fundado por un chef de Veracruz con recetas de generaciones, todo es auténtico: desde las tortillas hechas a mano hasta platos como la Cochinita Pibil o los Tacos Pastor. Las margaritas son increíbles y el precio es muy razonable para la calidad que ofrece. Nos encantó. Os apunto especialmente la calle Pantai Pererenan porque es una de esas calles llenas de restaurantes preciosos uno detrás de otro, perfecta para pasear y elegir según el momento.
- Arte — precioso restaurante italiano con ambiente artístico y música en directo muy recomendable. También en la misma calle Pantai Pererenan.
- Ele Restaurant — para una cena algo más especial en Canggu, este italiano mediterráneo es una apuesta segura. Ambiente elegante, carta variada con pasta, carnes y mariscos, y una atención cuidada.
- La Plancha en Seminyak es una parada obligada. Conocido por sus famosos puffs de colores en la arena, el ambiente al atardecer es increíble y los nachos probablemente los mejores que hemos comido en nuestra vida. Sin exagerar.

Ubud
- This Bali — nos encantó y repetimos dos noches. Cocina balinesa auténtica con una presentación preciosa, sin MSG ni conservantes, y un sistema de pedido muy original: usáis sellos en una tarjeta para personalizar vuestro propio plato combinando los ingredientes que queráis. Además en la mesa tienen tarjetas con preguntas para conocer mejor a tu acompañante. Muy buen precio y en pleno centro de Ubud. De esos sitios que se convierten en favoritos sin haberlo planeado.
- La Baracca — italiano al que volvimos dos veces y con razón. Pasta casera y pizzas buenísimas, pero lo que más nos enamoró fue el servicio: uno de los motivos por los que repetimos. Y tienen un cóctel con agua de coco y aloe vera que merece el viaje por sí solo.
- SAPRUG Kitchen & Bar — nuestra última cena del viaje y una sorpresa enorme. Un bar-restaurante de azotea en pleno centro de Ubud con una decoración muy especial a base de murales, paja y maderas que crean un ambiente muy acogedor. La música en directo fue preciosa, la cocina mezcla sabores asiáticos e internacionales con productos locales y era espectacular, y los cócteles con fruta fresca son muy buenos y muy económicos. Repetiríamos sin dudarlo.
- K Club Ubud — con estrella Michelin y un entorno precioso, la comida es espectacular. Un apunte práctico: no os dejan coger vuestro propio taxi para salir, solo los del restaurante. Algo que nos sorprendió, pero que la experiencia gastronómica compensa.
- Solá — en pleno centro de Ubud, económico y muy rico. Perfecto para una comida sin complicaciones.
- Taman Dedari — situado a orillas del río Ayung, este restaurante perteneciente a la familia real de Ubud es uno de los espacios más impresionantes visualmente que hemos visto en la isla. Sus enormes esculturas de ángeles dedari — ninfas celestiales de la mitología balinesa — crean un ambiente mágico entre jardines y selva. Nosotros solo fuimos a tomar algo, no nos pareció caro, y de vez en cuando hacen actuaciones de danza balinesa, por si queréis consultarlo. Solo por el entorno ya merece la visita.
- TC Gorila — un restaurante peculiar y con mucho encanto situado a las puertas de la cascada de Tukad Cepung. Lo reconoceréis al instante por la enorme cara de gorila pintada en la entrada. Perfecto para reponer fuerzas antes o después de la visita.

- Pondo Cepung — también junto a Tukad Cepung, con preciosas vistas a la selva. Otro de esos lugares donde la ubicación lo es todo.
- Dcarik Tibumana — justo antes de llegar a la cascada Tibumana, con piscina, vistas a los arrozales y una gastronomía que nos sorprendió muy gratamente. De los mejores del viaje.
- Batu Karu Kopi — una cafetería con vistas a los arrozales de Jatiluwih donde me habría quedado horas. De esas paradas que convierten un trayecto en un momento especial.
- Hanging Restaurant Bar — ya os lo mencioné en la sección de Sekumpul, pero merece repetirse: las vistas a la cascada desde aquí son impresionantes.
Y dos que no llegué a visitar pero que tengo anotados para la próxima:
- Tis Cafe — en plena carretera de Tegalalang, con una impresionante estructura de bambú, piscinas infinitas de dos niveles frente a los arrozales y columpios balineses. Para acceder a la piscina panorámica suele requerirse un consumo mínimo.
- Cretya Ubud — uno de los destinos más populares y lujosos de la zona, con múltiples piscinas integradas en las terrazas de arroz, cócteles y vistas espectaculares.

Nuestra sesión de fotos en Bali con BaliBodas
Si habéis leído mi primera guía, sabéis que BaliBodas fueron los encargados de organizar nuestra reboda en Bali y que el resultado nos dejó sin palabras. Así que cuando volvimos, no dudamos ni un segundo en repetir con ellos un pequeño reportaje para llevarnos el recuerdo de este segundo viaje en uno de nuestros lugares favoritos de la isla: los arrozales de Tegalalang.

Estuvimos un par de horas, y aunque el tiempo no acompañó del todo, la experiencia fue igual de cómoda que la primera vez. Su fotógrafo siempre va acompañado de un guía de habla española que facilita todo y ayuda en cada momento, lo que hace que la sesión fluya de forma muy natural sin esa incomodidad que a veces dan este tipo de reportajes. Y el resultado, como siempre, sencillamente impresionante.

Si estáis pensando en haceros un reportaje en Bali, ya sea de preboda, de viaje o simplemente para tener un recuerdo bonito en familia, os los recomiendo sin dudarlo.
¿Merece la pena volver a Bali?
Me llevo las ganas de volver. Y de saborearlo aún más despacio si cabe. La gente, la comida, la cultura, los paisajes y el descubrimiento de zonas nuevas han hecho de este segundo viaje algo completamente diferente al primero. Bali tiene esa capacidad de darte siempre algo nuevo, aunque ya la conozcas.

Hay dos zonas que esta vez dejamos fuera conscientemente. Las islas Gili nos las desaconsejaron porque, aunque tienen playas preciosas y paradisiacas, más allá de la playa hay poco que hacer y en cuanto a experiencias nos ofrecían poco más de lo que ya habíamos visto. Y Nusa Penida, aunque tiene algunos de los paisajes más impresionantes de Indonesia, los accesos a los miradores y puntos más icónicos son bastante complicados para ir con un niño pequeño. Ambas quedan pendientes para cuando Gael sea algo más mayor. Y la zona de Sidemen, que apenas rozamos en nuestro primer viaje, también sigue siendo una asignatura pendiente. Nos han dicho que tiene mucho del espíritu del norte — arrozales, selva, tranquilidad y poca masificación — y ya la tengo en el radar para la próxima.
Un apunte importante sobre los desplazamientos: las distancias en Bali engañan. Que algo esté a 30 km no significa que tardéis 30 minutos, sino fácilmente más de dos horas dependiendo del tráfico. Tenerlo en cuenta a la hora de planificar el día os ahorrará más de un disgusto.
Y sobre viajar con niños, los consejos que os di en mi primera guía siguen siendo totalmente válidos. Pero por resumir los más importantes: mucho cuidado con el agua — siempre embotellada, sin hielo o asegurándoos de que no lo lleva —, buena protección solar, repelente de mosquitos aunque en realidad no hay tantos como cabría esperar, y calcular las rutas más largas para que coincidan con sus horas de sueño en el coche.
Y como próximo destino en Indonesia… Java. Porque este país es sencillamente espectacular y cada viaje confirma que queda muchísimo por descubrir.
Nos leemos pronto. 🌿








